Ayer salíamos de casa a eso de las cinco, con un sol como para empezar ya a tomar en serio, cuando yo divisé a lo lejos, en sentido contrario hacia donde íbamos, nítido en la luz de la sobremesa, lo que tenía todas las trazas de ser una pava sujetando por las axilas a un tordo que se le caía, a la manera de la
Piedad Rondanini, salvando las distancias. Rafael, siempre más decidido que yo en las cuestiones prácticas o solidarias, echó a correr de inmediato para ver si necesitaban ayuda. Para cuando me acerqué yo, la chica, de aspecto indudablemente poligonero, de unos diecisiete o dieciocho años, estaba pidiendo que llamáramos a una ambulancia y el chico (ídem, diecinueve años, respondía -a duras penas- al nombre de Fran) yacía ya en el suelo y se convulsionaba
legato, sin estridencias. Marqué el 112. Tras varios rodeos algo absurdos y fríos, que imagino son un protocolo de filtro para disuadir a aprensivos o bromistas, me derivaron al 061 quienes enviaron una ambulancia que llegó al cuarto de hora más o menos. A continuación, algunos datos y episodios de interés:
A pesar de que el chico se había desplomado de súbito y estaba semiinconsciente, la chica no parecía muy alterada por la situación ni con trazas de hacer nada. Daba la impresión de que si no hubiéramos pasado nosotros podrían haberse tirado allí horas. Hasta que se lo dijo Rafael (quien incluso le trajo agua de casa), a la tía no se le ocurrió ni ponerse de manera que le tapara el sol.
La chica al parecer ya había intentado pedir algún tipo de ayuda desde su móvil, pero según parecele habían cortado sin hacerle caso. Luego fuimos comprendiendo por qué.
La chica tenía una cantidad consignable de pelo en las tetas, que asomaban tras de un escote generoso.
El único empeño de la chica, contraviniendo todos los principios elementales de los primeros auxilios, era levantarlo a toda costa, a empellones. Parecía seguir el razonamiento: de pie=bueno, tumbado-suelo=malo, luego de pie. Rafael la convenció de que lo dejara en el suelo hasta que llegara la ambulancia.
JOSÉ MANUEL (
al operador del 061): Está con una acompañante.
CHICA: ¡soy su novia! [...]
061
(teléfono): ¿Tiene alguna enfermedad?
JOSÉ MANUEL
repite la pregunta a la chicaCHICA: Noo.
(Minutos después de haber colgado JOSÉ MANUEL, tras un silencio)CHICA: Una vez le dio una cosa en el corazón que tuvieron que ir al hospital. Y el médico le dijo a su madre que si le daba otra vez había que cogerlo a tiempo y llevárselo proonto.
JOSÉ MANUEL: ?! [...]
MÉDICO DEL 061, AL LLEGAR: ¿Ha tomado alguna sustancia?
CHICA: ¡Claro! Macarrone con tomate ca mi cuñá.
MÉDICO DEL 061: ¿Tiene alguna enfermedad?
CHICA: Noo.
JOSÉ MANUEL: ¡¡Pero dile lo que me has dicho a mí del corazón!!
A saber lo que entendía la pava por "enfermedad". Verla jugar al
Scatergories tiene que ser un espectáculo.
Los médicos, tras tomarle el pulso y reconocerlo, no parecieron especialmente preocupados ni presurosos, lo que parece indicar que no era nada grave
a priori. Nunca sabremos lo que le dio al chico. Probablemente tomó algo más que macarrones con tomate en casa de su cuñada.
MORALEJA: Algún día, tendrán hijos a los que críar y educar... O llevarlos a urgencias.